Memorias de un pegaplatos





Memorias de un pegaplatos
Luis Ramón G. del Pomar
Amargord Ediciones (Madrid 2011)


77
Más de una vez he visto turbada mi sonrisa de
hombre curioso, al preguntar si el frío salía
de las entrañas o era cosa de los cielos.



84
Difícil es desligar el corazón de los objetos físicos
siempre presentes. Evidencias visuales que a lo
mejor no son nada.



90
No siempre fui favorecido por el azar o los dioses.
De ahí que he probado a impulsarme en direcciones
opuestas
y casi siempre con riesgo.
Está claro que he evolucionado varias veces
en mi forma de pensar
y aún soy el ingeniero diseñando sistemas
de control para comunicarme.
Los problemas graves suelen venir cuando pierdo
los mandos y no sigo el mapa cognitivo
convirtiéndome en persona sin experiencia
que se guía por reflejos incondicionados.
Soy un animal llevado por los sentimientos
y confundido por los deseos y las ideas.
Una persona dispuesta a actuar según mi estado mental
razón por la que caigo en remolinos sin estructura
de equilibrio.
Hay veces que alcanzo lo previo de mis actos
y puedo producir una conducta observada
por la inteligencia.
Entonces me llaman frío y doy miedo porque
cuando esto ocurre
suelo guardar el corazón en el fondo del olvido
para que otros
por el azar o los dioses
no ilustren sus experiencias
pisoteando en mi cerebro los pasillos del alma
ilusionada.


92
Siento haber corrido tanto
y el haberte salpicado
con lo precipitado de mis ilusiones.
Aprender me convierte en miniatura.




La misma hora todo el tiempo



La misma hora todo el tiempo
Diego Lebedinsky
Edición de Autor (Buenos Aires, 2011)


"La misma hora todo el tiempo" es el relato en versos de una experiencia. Es la vida vista desde el ángulo oscuro de la desesperación, el aburrimiento y el caos. Es poner en palabras toda una maquinaria que sirva para el salto a la introspección y al rescate de la memoria. Estos poemas inician un recorrido de observación propio y mundial. Un conjunto de ideas, pensamientos y reflexiones que se amalgaman y dan orígen a la declaración de una vida. 



 

Neorrabioso



Neorrabioso
Batania
La Baragaña, 2012 

No es una reseña cualquiera de "Neorrabioso", simplemente no es una reseña

Yo lo he visto caminando por la calle Princesa y hablando consigo mismo o tal vez con su padre. Fue una de esas tantas noches en las que harto de mis pesares y tristezas, harto de Madrid, harto de muchas injusticias, fui a verle al garaje donde trabaja como conserje. Noches aquellas donde hablábamos de todo, donde sentía que la amistad iba creciendo, aunque él no quisiera. Pero era inevitable, todo correspondía a un proceso natural. El vino y las cervezas ayudaban. Nos mostrábamos tal cual somos. Será también que los dos procedemos de abajo, él de los campos de Lauros y yo de las calles desvencijadas de Lima, ambos escribiendo desde el suelo y desde la entraña, sin dobleces. Luego en las calles de Madrid, curtiéndonos sin miedo en las manifestaciones (el año pasado, recuerdo, en una de esas que, llegamos hasta el congreso con un grupo de gente, en cuyo frente habían algunos radicales, me sumé a ellos en primera línea, encarando a la policía y queriendo tumbar las vallas. Gio, ten cuidado, me decía). No me puedo olvidar lo importante que fue su apoyo en muchas situaciones difíciles que pasé, su confianza en mí y en mi poesía, es de las pocas personas que cree en lo que hago desde que me conoce. Por eso ahora se me hace difícil hablar de su libro, porque carezco de objetividad; decir un simple me gusta no estaría a la altura de nada. Yo no puedo decir nada sobre el libro, pensaba, porque desde que descubrí su blog me encantaba lo que escribía, incluso esos poemas que publicaba con el seudónimo de “Burroski” cuando participaba en el foro poético de “Libertad 8”. Igual quería escribir, decir algo sobre su obra, aunque no sepa escribir reseñas. Cada vez que conversaba con él aprendía algo nuevo, alucinaba con lo que sabía y hasta ahora me sigue sorprendiendo. La cantidad de libros que se ha leído los mantiene en su cabeza y para mí siempre es agradable tener una charla con él. Tengo muchos de los cuadernillos con sus poemas y pintadas que regalaba en sus recitales, siempre le pedía dos, uno para mí y otro para Claudia, mi ex novia, porque ella también leía su blog y seguro que lo sigue haciendo. Soy testigo de esa terquedad razonada que tenía a no querer publicar, entre esas razones estaban en que eran muy pocas o ninguna las editoriales que quisieran publicarle sus poemas y sus pintadas sin tener que dejar de escribir y publicar en su blog o seguir regalando sus cuadernillos. Él no cree en la propiedad intelectual, no le importa que copien sus poemas, es una especie de anarquista poético con un corazón grande, con una nobleza de niño, con cierta inocencia de persona que aun no está del todo contaminada por la malicia de la ciudad. Yo le miro a los ojos y veo en ellos limpieza. Lo que escribe es él. Lo que escribe sobre su padre, los poemas, ese dolor que nunca se irá (hay que aprender a vivir con ello, pero no sé como se hace eso, yo no sé nada sobre eso, no puedo decirle nada de eso). “Queréis acostúmbrame a la muerte / pero la muerte / no es ninguna maestra / no es ningún telescopio / la muerte no es ningún atlas / no da sabiduría / la muerte no da nada / más que miedo / silencio / soledad / y rabia”. Ese amor, ese echarle de menos, es lo que hace sentirme más identificado que nunca (aunque mi padre esté vivo, existen barreras infranqueables). Y ni que decir sobre los poemas que le escribió a su ex amor; también la conocí y tengo que decir que me caía bien. Ese amor donde no cabía ningún tipo de remilgo, ni rosas, ni margaritas “La que muerde el candado hasta que saltan las puertas de noche. / La que descubre caimanes en el zumo de naranja”. El hombre que vino a Madrid a querer ser poeta, a dejar su impronta, aunque no le interese tanto eso. El hombre desprendido, el que profesa cariño a la humanidad, el que amó a su vaca y a su perro. Cuando presentó por primera vez el libro en un bar de la calle Pez en Madrid me hizo brotar lágrimas y no sólo a mí, hubo a quienes también le brotaron, fue emocionante, muy emocionante, sobre todo verlo recitar el poema “La muerte” donde se quebró y con la voz rota siguió recitando de memoria. De los poemas políticos me parecen todos acertados, teniendo en cuenta la dificultad que para mí representa escribir un poema político o social sin llegar a ser discursivo o panfletario; quisiera hacer acá un pequeño acápite diciendo que percibo una influencia de Vallejo en algunos de sus poemas políticos como en “Rebeldía” (pag. 132) y “El hombre no ha concluido” (pag. 134), probablemente se ría el poeta cuando lea esto que pienso, porque es más de Neruda, aunque sé que ama a Vallejo. “¡Cómo estiras la trenza de los meses! / ¡Cómo asomas tus brazos de garganta / ante la pluma sorda del jilguero! / ¡Cómo al perro le llamas perro, al loco loco / y al hombre injusticia!”. Del poema del “Andamio” no diré nada porque siempre me lo dedica, es uno de los que más me gusta (Lo dije, mi falta de rigor). Y su pobrecita Natalia “Cráneo de leona política”, aquí el poeta se vuelve a ilusionar por una joven, inteligente y bella estudiante del último año de filología donde los poemas se convierten en una especie de revolución e “infantilería” (he visto la cara de Batania cuando la ve llegar, se pone como un niño) “Ningún sin papeles será detenido esta noche en Madrid; / cuando la mujer que amo se acerque y me bese en los centros, / las patrullas huirán acosadas por troyas de niños salvajes”. Entiendo esa emoción, yo también la sentí, hasta hace poco. El libro “Neorrabioso, poemas y pintadas” vale más que Euskadi y España, juntas. Es probable que me quede corto, pero el libro es la definición de un hombre valiente y bueno, al que conozco, la definición de un loco que se cree Batania.






Freud por Masotta




Freud por Masotta
Teodoro Lecman
Milena Caserola (Buenos Aires, 2009)


Textos fundamentales de Freud, abordados por el psicoanalista entre los años 1972 y 1974. “Cuádruple valor el de estas notas sobre las clases de Oscar Masotta: personal, arqueológico, histórico y de transmisión, sobre una huella que no es trascripción ni taquigrafía”, adelanta la introducción de libro.
Lecman, en una entrevista para el blog de Milena Caserola, comenta que su encuentro con el renombrado intelectual fue “casual, por decirlo así”. “Un compañero de Facultad, por los 70, nos trajo su nombre como la última palabra en psicoanálisis en Buenos Aires, para que hagamos un grupo de estudios”, rememora el Psicoanalista. 


Sobre el libro, el autor enuncia: “Mi encuentro con Masotta, en tres años intensos de grupo de estudio sobre Freud, que es lo que esencialmente conceptualizo en mi libro, fue una poderosa marca de lectura”.

 Teodoro Lecman es psicoanalista, supervisor y coordinador en distintas instituciones. Ocupa el cargo de profesor de Escuela Francesa y gestor y profesor de la Maestría en Psicoanálisis de la Facultad de Psicología de la UBA. Es autor de Cuestiones de la Clínica, editorial Tekné y Cuerpo y símbolo, editorial Lugar; aparte de haber publicado numerosos artículos. Además es ex-Fundador de la Escuela Argentina de Psicoanálisis. Por su parte, Oscar Abelardo Masotta fue un renombrado intelectual, reconocido a nivel mundial por ser el responsable de introducir la enseñanza y la práctica de Jacques Lacan al castellano. Fue maestro, ensayista, semiólogo, crítico de arte y psicoanalista. Además, estuvo vinculado a las expresiones de la vanguardia artística del Instituto Di Tella en los años '60.





La puta gana



La puta gana
Gustavo Bernal
Ed: Milena Caserola- La Polla Literaria (Buenos Aires, 2012)


En el camino de Gustavo Bernal. 

Todos los diálogos pueden convertirse en Literatura. Unos serán de gran contenido, otros vacíos. Los vacíos no comprometen a nadie, los llenos de intención casi siempre terminan con la vida de alguien”, escribe Gustavo Bernal en los primeros capítulos de La Puta Gana, y puede decirse que es una feliz coincidencia, ya que en vida literaria, –si cabe el término- eso he aplicado. La literatura no está en los libros, la literatura nace de experiencia también propia y también de los libros y de las discusiones en bares de mala muerte o con tu mujer después de un polvo. La Literatura está en todas partes, nos invade, está en la tele, está en Yingo, en una botella de cerveza. Y para convertirse en escritor sólo hay que salir a cazar historias y personajes.

Gustavo Bernal es un cazador y la explicación del por qué esta noche yo esté aquí, presentando La Puta Gana, está en la calle, más precisamente en la Plaza Corregidor Zañartu, a pasos de calle Esmeralda y del Mercado, donde años antes las putas viejas ofrecían lo que podían. Eso lo sé por experiencia propia. Bueno, pero en esta plaza estaba Gustavo, a punto de tomarse un pack de cervezas, cuando nos cruzamos, claro que yo vivo al lado de esta plaza, por lo quien se cruzó fue él, sin embargo, tengo la sensación con el tiempo de hacer sido yo quien me crucé en su camino. Gustavo entonces me saluda, pero a mí me cuesta reconocerlo. Por fin un “ah sí claro, Elver Cruzila”. Debo admitir que no conozco a Gustavo Bernal, sólo lo había visto una vez antes, sin embargo, con Elver Cruzila llevamos años de intercambio de comentarios en nuestros respectivos blogs. Hasta aquí la explicación de mi presencia en este lugar.
Pero volvamos a la propuesta que desarrolla Gustavo en La Puta Gana. Extraña la cita inicial de En el Camino, de Jack Kerouac. Uno podría pensar que se trata de una novela de viajes, un road movie literaria de las infinitas peripecias de Elver Cruzila y sus amigotes por Buenos Aires, Lima, La Paz, en fin, una especie de novela Latinoamérica, boñalístico si se quiere, pero no: curiosamente el viaje es interior, por así decirlo, se trata de turismo nacional, poblacional o tal vez, callejero.
Eso es lo que exhibe sin miedo esta novela de perdedores. Gustavo Bernal no le teme a la derrota, al fracaso, quizás porque entiende como escritor que la derrota y el fracaso están presentes en esa lucha de poner por escrito lo que uno piensa y siente. Conozco una decena de madres de escritores y poetas que no les gustaría escuchar esto sobre sus hijos, pero lo cierto que, la literatura, y aquí aclaro que no sólo hablo de la literatura que hace Gustavo Bernal, no tiene nada que ver con el éxito. El éxito distrae y dialoga con la impostura. En el escritor que presentamos esta noche, en cambio, la impostura no existe. Porque aquí, en este libro, hay verdad, aunque no sé si sea la verdad. Me refiero a que Gustavo se la juega por contar su historia, y lo hace con los huevos, no sé si eso sea mejor que hacerlo con la cabeza o con el pico, pero a mí me gusta la literartura que se hace con los huevos.

“La vida es producto del sexo y la vanidad, del yo fui, yo soy, yo seré”, leo en alguna parte de esta novela y me pregunto nuevamente qué puede tener en común con “En el camino”, si aquí no hay un viaje por los Estados Unidos, si aquí Elver Cruzila no recorre Chile, es más, ni siquiera sale de su mundo, Eureka, esta el final cuando propone un hipotético viaje a Orgásmica, otro mundo. Creo que el puente que existe entre la novela de Kerouac y la de Bernal, guardando las proporciones, es que ambas hacen un viaje para obtener un conocimiento. No se trata de turismo –porque, como bien dijo John Kennedy Toole, “el turismo es para degenerados”-, sino de la oportunidad para conocer el alma de sus respectivos países y de ellos mismos. El retrato que hace Gustavo Bernal de Chile en ese sentido es acertadísimo, porque no elude hablar de las elecciones, erecciones, injusticias, e incluso de los pastabaseros, del rasta de la plaza del barba. En La Puta Gana se pinta Chile desde lo micro o si prefieren, desde la micro, desde el microtraficante, desde lo ínfimo, para alcanzara tener la noción de lo que sucede en lo macro: la sociedad. En esto, claramente, hay un gesto político, no nos equivoquemos. Por último, no me queda más que saludar la publicación de este libro y espero que La Polla Literaria y Gustavo Bernal continúen sorprendiendo con más títulos. 

Naturo



Naturo
Gullermos de Posfay
Edición de Autor


Una road movie argentina sobre un viaje a dedo pero que lleva el vértigo de un fórmula uno pasado de anfetas.


Las rutas están plagadas de mendigos anónimos de aventuras perdidas de beneficios consumados el camino te unge te da amparo brillás suciamente en la banquina todas tus necesidades son variables los órganos del hombre adoptan la forma de la naturaleza que ven ningun ojo está completamente terminado podés mejorarlo con una nevada con un atardecer con un cerro pastando cuando muera miles de paisajes volverán a sus sitios comentando que han viajado por un hombre.




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